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El hombre que come Gatos vivos





Aunque parezca increíble, un hombre de 34 años lleva cuatro años de haber cambiado el arroz y los frijoles por todo aquello que se mueva y lo prefiere vivo. Douglas Barahona, un montador de toros de Cañas, se alimenta de animales que estén vivos y disfruta sentir cómo su boca les desprende la cabeza mientras aún se mueven.

“Yo me levanto y lo que desayuno es cualquier cosa que ande por ahí, una paloma, un pollo, un zanate, lo que sea, los agarro, les arranco la cabeza, me tomo la sangre y después me los mando”, explicó Barahona.

Inició con esta insólita dieta hace cuatro años por casualidad, buscando un arma para sentirse más fuerte antes de cualquier monta, pues su pasión es dominar al más bravo de los toros, y descubrió que tomarse la sangre de un animal vivo le daba esa fortaleza.

“Fue una cosa que nació así de la nada, se me ocurrió, y cuando me como un animal vivo me siento con más energía, más fuerza para dominar el toro, esa sangre le da a uno fuerza, ese es mi secreto”, comentó.

Cuatro días antes de la monta Douglas Barahona, conocido en Cañas como “Tata”, buscaba un gato tiernito, o un perrito, se iba a algún potrero y se lo comía. Llegado el día de la monta lleva en su bolsa un murciélago y poco antes de subir al lomo del toro se lo come.

Según Barahona, este secreto le ha permitido tener más fuerza para dominar a cualquier toro y por eso lo seguirá haciendo siempre, y como siente que ese tipo de carne y sangre es muy saludable, decidió hacerlos parte de su alimentación diaria.

Ahora “Tata” ya no busca arroz y frijoles, algún bistec o un pollo frito, sino que prefiere irse al monte, escarbar el nido de algún zanate, comerle la cabeza, desplumarlo y luego sentarse al lado del río a comérselo, desde los huesos hasta las vísceras.

Y que se cuiden los gatos que son su manjar preferido, “la sangre es saladita y calientita, es muy rica y la carne es como comer conejo, una vez que lo despelleja es como cualquier otro animal, es una carne especial, muy sabrosa”, comentó mientras se comía un gatito sentado junto a una quebrada, en Cañas.
COME LOMBRICES, SERPIENTES Y HASTA SAPOS

El “Comegatos” cañero ha probado toda clase de animales, ya que no siempre es fácil conseguir perros y gatos en el centro del cantón donde vive y como muchos vecinos conocen sus hábitos no le dejan cerca las mascotas, ya que a él no le gustan los animales sucios, o con zarna, sino perros y gatos bien aseaditos “porque si no me puedo enfermar”, comentó.

“Tata” no se niega a meterle el diente a una serpiente que se atraviese en su camino, afirma que en una ocasión vio una víbora colgando de la rama de un árbol y con cuidado se acercó le agarró la cabeza y el otro extremo que colgaba, le pegó un mordisco partiéndola, se chupó la cabeza y la devoró.

“Un día andaba pescando en el río y no saqué nada, ya con hambre y aburrido agarré las lombrices que llevaba para agarrar las sardinas y me las comí. Saben bien y hacen cosquillas donde van pasando por el galillo”, narró “Tata”, quien ese día se devoró medio kilo de lombrices vivas y frescas.

Los zanates, zopilotes y vampiros están en la lista de sus preferencias, a los emplumados primero les arranca la cabeza de un mordisco, se toma su sangre, y después los despluma para comerse hasta el último hueso.

En el caso de los vampiros los decapita con los dientes y tras beberse su sangre se come desde las alas hasta la cola.

Lo que no le gustan mucho son los sapos, porque la última vez que se comió uno se le durmió la lengua por varios días, pero aún así, si no aparece otra cosa, se almuerza un sapo.

¡NO VA A RESTAURANTES NI SODAS!

El “Comegatos” cañero es fácil verlo en el parque buscando zanates o en algún potrero o hasta cerca del río, pero donde no se le verá nunca es en una soda y menos en un restaurante del barrio.

Ni siquiera pasa por una leche dormida, que es la bebida más popular de Cañas, porque no se siente a gusto en ningún lugar de estos, para él su comida está en el campo persiguiéndola y masticándola mientras aún se mueve.

Este hombre vive con su abuela en Cañas, y afirma que ella no sabe de su afición por la carne que camina, ella lo trata con normalidad; mientras su madre quien conoce perfectamente sus hábitos, lo critica y le dice que él tiene algo malo en el estómago. Sus amigos en cambio, lo aceptan y lo impulsan a hacer el espectáculo de comerse un gato o un murciélago frente a ellos, especialmente los montadores de toros, para quienes no es nuevo verlo es esas artes.

LANZA RETO PÚBLICO

“Tata” quiere demostrar a todo el país que es el mejor “Comegatos” de Costa Rica y más allá de sus fronteras, por eso lanza un reto público a todos los lectores de DIARIO EXTRA para ver si alguien se anima a ponerse lado a lado con él a comer animales vivos.

“Yo sé que soy el único que hace esto, pero si hay alguien más que se anime y que venga, y nos ponemos a la par a ver quién se come más gatos o perros, o culebras, lo que quieran”, afirmó envalentonado “Tata”, luego de haberse comido un pollo y un gato vivos frente a las cámaras de DIARIO EXTRA que captaron paso a paso su insólita actuación.

UN ALMUERZO FUERA DE LO COMÚN

Para confirmar los rumores llegados sobre el “Comegatos” un equipo de DIARIO EXTRA visitó Cañas y acompañó a Douglas Barahona durante su almuerzo de este jueves.

Desde muy temprano fue en busca de un gato, un pollo y un garrobo, buscó entre varios conocidos un perrito que nadie quisiera, pero no lo consiguió.

Ya con el menú listo lo seguimos hasta un potrero donde acarició por un tiempo su comida, y en un descuido, el garrobo saltó y se le escapó.

El entremés fue el pequeño pollito, al que de un bocado le desprendió la cabeza. Mientras su cuerpo aún se movía lo levantó para tomarse la sangre; luego le quitó las plumas y le clavó los dientes.
En tres bocados el pollo completo fue devorado por “Tata”, las patas se las chupó
y luego las botó, al igual que el pico, pero todo lo demás, hasta los ojos, pasó por su garganta.

Luego le llegó el turno al pequeño gato. Se lo pasó varias veces por la cara, lo olió y le mostró los dientes, en un momento determinado, con su mirada un poco perdida, le clavó los dientes en el cuello. Solo se escucharon algunos maullidos que se fueron apagando poco a poco.
Lo levantó de las patas, sosteniéndole la cabeza en alto y se tomó la sangre, mientras comentaba que su sabor era un poco salado y caliente.

Con sus manos le desprendió el cuello y fue quitándole el pellejo, “porque los pelos no me gustan”, narró, ya que se le pueden pegar en la garganta.

Ya sentado en un muro de cemento comenzó a comerse las patas delanteras, la panza con todo y vísceras. Terminó de quitarle el peludo pellejo mientras se chupaba las patas traseras, al final solo salía de su boca el rabo del minino, que fue su almuerzo.

Para bajarlo una botella de agua, después se lavó bien las manos y los brazos en el río y volvió al parque de Cañas para continuar con su trabajo de cuidacarros.

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